Historias de correr, Lopez Lomong

De los campos de prisioneros a las olimpiadas, Lopez Lomong demostró que las barreras son mentales y los sueños alcanzables.

Lopez Lomong fue secuestrado en Sudán a los 6 años de edad y fue enviado a un campo de prisioneros para ser entrenado como soldado.

 

Fue raptado durante la misa dominical de su pueblo natal por unos soldados rebeldes, combatientes en la segunda guerra civil de Sudán (1983-2005). Antes del secuestro, era un niño feliz dedicado a jugar y a ayudar a sus padres en las tareas del campo. 

 

Tras ser arrebatado de los brazos de su madre y conducido junto con otros niños a un campo rebelde de prisioneros, permaneció tres semanas cautivo en un barracón, sin luz ni alimentos, tuvo que alimentarse de arena y pasar frío durante las noches por las bajas temperaturas. Debido a las duras condiciones, todas las mañanas algunos de sus compañeros amanecían muertos. 

 

Lomong escaparía una noche junto a tres amigos mientras un guardia abandonaba su puesto, Una vez libres, los cuatro corrieron sin apenas descanso durante tres días por la sabana africana, creyendo que tomaban rumbo de vuelta a casa; pero la realidad fue que avanzaban hacia la frontera con Kenya, donde varios soldados los llevaron al campo de refugiados de Kakuma, al noreste de Kenya, perteneciente al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Una ciudad de tiendas de campaña cuya población mayoritaria son los niños sin hogar y en la que, en la actualidad, aún viven más de 100.000 personas.

 

Lomong inspirado por Michael Johnson, empezó a soñar con ser corredor y la providencia iba aparecer, Estados Unidos pediría niños refugiados de Sudán para ser reubicados con familias norteamericanas por lo que Lopez redacto su historia para ser considerado.

 

“Al llegar, pensaba que comenzaría a trabajar en una fábrica para salir adelante, porque en África me consideraba un adulto, pero tuve que aprender a ser un niño de nuevo”, explica Lopez, que por entonces tenía 16 años. Habituarse a las costumbres de la nueva cultura no le fue fácil. Los primeros días, se duchaba con el agua helada porque no sabía que saldría caliente con tan solo girar el grifo; era incapaz de comerse una hamburguesa entera porque se acordaba de que sus amigos no tenían qué llevarse a la boca; o se sorprendía porque los profesores no le pegaran en clase cada vez que cometía un error, como hacían en Kakuma. “Creí que se habían equivocado al darme una familia y la oportunidad de estudiar, por lo que esperé a que se dieran cuenta del error y me arrebataran aquella nueva vida maravillosa”, confesaría Lomong.

 

Lomong estaba equivocado, ya había forjado un destino, seguiría entrenando duro para ser atleta y llegar a dos olimpiadas, Pekin 2008 y Londres 2012, 

 

“Ha sido un viaje muy largo. Proceder del lugar más bajo del mundo, de ser un refugiado que escribía con un palo en la tierra, hasta alcanzar más de lo que nunca había soñado: un título universitario” Diría Lomong tras alcanzar su mayor logro, su título universitario.

Hoy en día Lopez Lomong corre por aquellas personas que no tienen voz y trata de inspirarlos con el atletismo, de expresarle a todo el mundo que las oportunidades se generan y el destino se forja, simplemente hay que creer.

 

“Dios ha estado conmigo incluso en las experiencias más traumáticas de mi vida, guiándome para que me convirtiera en la mejor persona que pudiera llegar a ser. Él todavía me guía para que aspire a más y ayude a la gente de mi país que no pudo conseguir las mismas oportunidades que yo”

Lopez Lomong, 

 

Vaya historia de correr, vaya atleta... qué gran ser humano es Lomong...

Con cariño les escribe un corredor más...

Omar Martinez @Vomarmar, ¡Cambio y fuera!

#CorrerMeHaEnseñado